La época en que el impulso natural inmediato, el primer día soleado de la
primavera era salir al aire y disfrutar, hace ya tiempo que pasó a la historia.
Tan solo los muy valientes o los “descuidados” que hacen caso omiso a las
crudas advertencias se atreven a exponerse al “asesino sol”. Al contrario de lo
que se cree, se está descubriendo que la falta de exposición a la luz solar es
una de las principales causas de caer enfermo. Son muy pocos los que saben que
la falta de exposición a la luz solar hace que cada año miles de personas
mueran de cáncer, son muertes que se habrían podido evitar gracias a la
vitamina D que produce el cuerpo en respuesta a una exposición regular al sol.
Por desgracia es el espectro ultravioleta el que se elimina más fácil por los
vidrios de las ventanas, gafas correctoras o de sol, casas, lociones solares y
prendas de vestir. Antes de que se descubrieran los antibióticos en 1930, la
helioterapia: exposición regular al sol moderada, se consideraba uno de los
tratamientos más eficaces contra las enfermedades infecciosas. Ciertos estudios
han revelado que la exposición de pacientes de forma controlada a la luz del
sol experimentaron un importante descenso de la presión arterial, colesterol,
glucosa y un importante aumento de los glóbulos blancos, las defensas. Los
pacientes que sufren gota, artritis, reumatismo, colitis, arterioesclerosis,
anemia, cistitis, ezcemas, acné, psoriasis, herpes, lupus, ciática, problemas
renales, asma e incluso quemaduras podrán beneficiarse del poder curativo de
los rayos solares.
El médico y escritor Auguste Rollier fue unos de los más famosos
helioterapeutas de su época. En el momento más álgido de su carrera dirigía 36
clínicas con un total de unas mil camas en Leysin, Suiza. Esas clínicas estaban
situadas a más de 500
metros sobre el nivel del mar, una altitud que permitía
que sus pacientes recibieran una cantidad de rayos UV mucho mayor de la que es
posible en los niveles más bajos de la atmósfera. Siguió los pasos del médico
danés Niels Finsen, ganador del premio Nobel, en 1903 por el tratamiento de la
tuberculosis con luz ultravioleta. Rollier descubrió que los baños solares a
primera hora de la mañana, junto con una dieta nutritiva, aportaban los mejores
resultados. Lo que más sorprendió a la profesión médica fue que los benéficos
rayos solares matutinos no surtieron efecto en los pacientes que utilizaban
gafas de sol. (Las gafas de sol captan importantes rayos del espectro de luz
que el cuerpo requiere para realizar sus principales funciones biológicas.) Los
ojos reciben estos rayos aunque la persona se halle a la sombra.
Hoy en día se considera que el Sol es el principal responsable del melanoma,
las cataratas que preceden a la ceguera y del envejecimiento cutáneo. Tan sólo
las personas que se “arriesgan” a tomar el sol descubren que éste les hace
sentir mejor, siempre y cuando no se quemen la piel. Los rayos del Sol
estimulan la glándula tiroides para que aumente la producción de hormonas, y
así se aumenta el metabolismo basal del organismo, lo que sin duda ayuda a
perder peso y a mejorar el tono muscular. En las explotaciones ganaderas los
animales crecen con mayor rapidez cuando se crían al aire libre.
En estos últimos años, la utilización de los antibióticos que han llegado a
sustituir prácticamente la helioterapia, ha dado lugar al desarrollo de cepas
bacterianas resistentes a esos fármacos, bacterias que desafían cualquier
tratamiento que no sea el de un uso adecuado de luz solar, el aire, el agua y
los alimentos. Reducir notablemente o anular cualquiera de estos cuatro
elementos esenciales de la vida es abrir la puerta a la enfermedad.
Cualquiera que excluya de su vida la luz solar se debilitará y sufrirá
problemas mentales y físicos. Con el tiempo su energía vital irá disminuyendo y
se reflejará en su calidad de vida. En la población de los países del Norte de
Europa, como Noruega y Finlandia, que experimenta cada año muchos meses de
oscuridad, se produce una mayor incidencia de fenómenos de fatiga, irritabilidad,
insomnio, depresión, alcoholismo y suicidio que en las que viven en zonas con
más horas de exposición solar. Sus tasas de cáncer de piel también son más
altas. La incidencia de melanoma por ejemplo es 10 veces mayor en las islas
Orkney y Shetland, al norte de Escocia que en las islas mediterráneas.
Los rayos UV activan una importante hormona de la piel llamada solitrol.
Esta hormona influye en nuestro sistema inmunológico y en muchos de los centro
reguladores de nuestro organismo, y junto a la hormona pineal, melatonina, da
lugar a cambios de humor y a los ritmos biológicos diarios. La hemoglobina de
los glóbulos rojos necesita la luz ultravioleta para enlazar el oxígeno que
necesitamos para todas las funciones celulares. Como empezará a advertir el lector,
no tomar el sol con moderación y a las
horas adecuadas puede ser muy perjudicial para la salud.
Las investigaciones realizadas en todo el mundo en torno a la luz solar han
demostrado que la exposición a los rayos ultravioletas es quizás el tratamiento
curativo más completo e impresionante que existe.
La luz ultravioleta:
* Mejora los resultados de los electrocardiogramas
* Reduce la presión arterial y el pulso cardiaco en reposo
* Mejora el rendimiento del corazón cuando sea preciso
* Reduce el colesterol si conviene
* Incrementa las reservas de glucógeno en el hígado
* Equilibra el nivel de azúcar en sangre
* Aumenta la energía, la resistencia y la fuerza muscular
* Mejora la resistencia del organismo frente a infecciones debido al aumento
de linfocitos y fagocitos
* Aumenta la capacidad de transporte de oxígeno de la sangre
* Incrementa las hormonas sexuales
* Mejora la resistencia de la piel en las infecciones
* Aumenta la tolerancia al estrés y reduce la depresión
La luz del sol no solo
purifica el
agua del mar hasta una profundidad de casi cuatro metros, sino que además
desinfecta la piel de gérmenes nocivos.
La luz solar y el ejercicio físico proporcionan unos excelentes resultados
para la salud y la forma física, pero cuando se combinan los efectos se
multiplican.
La luz solar produce más beneficios en las personas que siguen una dieta
equilibrada acorde con sus necesidades. Los baños de sol pueden ser peligrosos,
en cambio, para aquellas personas que lleven una dieta rica en alimentos
acidificantes y altamente procesados, y abundante en grasas refinadas o
productos fabricados con ellas. El alcohol, el tabaco, los medicamentos
alopáticos, las drogas alucinógenas y otras sustancias que diezman las
vitaminas y minerales pueden hacer que la piel se vuelva muy vulnerable a los
rayos ultravioletas, concretamente las grasas poliinsaturadas como las que
contienen los productos refinados de los que se ha eliminado la vitamina E,
como los aceite vegetales refinados, la mayonesa, las salsas preparadas y la
mayoría de las margarinas agravan el riesgo de sufrir cáncer de piel y de
cualquier tipo de cáncer. Según la publicación “Archives of Internal Medicine”
de 1998, las grasas poliinsaturadas incrementan un 69% el riesgo de las mujeres
de sufrir cáncer de mama. Por el contrario las grasas monoinsaturadas como las
del aceite de oliva o el aguacate, reducen ese riesgo un 45%.
CONSEJOS PARA INCREMENTAR LA EXPOSICIÓN AL SOL
Si alguien desea beneficiarse del sol pero no dispone de mucho tiempo para
permanecer al aire libre, existen diversas maneras de aumentar la exposición
solar:
* Instalar ventana con cristales que dejen pasar la luz ultravioleta
* Disponer del máximo número de ventanas
* Según el tiempo que haga mantener las ventanas abiertas
* Instalar tantas lámparas de espectro completo como sea posible (es la
mejor alternativa a la luz solar natural)
Cuando por algún motivo alguien tenga que permanecer al sol de forma
prolongada puede aplicarse en la piel, gel de aloe vera, aceite de coco o aceite
de oliva.
El cuerpo puede almacenar una cantidad de vitamina D que puede durar de 4 a 6 semanas en tiempo
invernal pero es bueno recargar las pilas.
Si el lector toma analgésicos, podría comprobar lo siguiente: un reciente
estudio hospitalario descubrió que los pacientes que permanecían en
habitaciones más soleadas necesitaban
menos analgésicos que los que estaban en habitaciones más oscuras. De
hecho consiguieron reducir un 20% los gastos de farmacia.
Famélicos de sol, solemos buscar ayuda en otra parte, aún cuando la
naturaleza siempre esté dispuesta a ayudarnos. Es una verdadera desgracia que
los enfermos estén casi siempre encerrados entre cuatro paredes, a menudo con
las cortinas corridas y las ventanas cerradas. Uno de los poderes más curativos
y preventivos más potentes de la naturaleza está al alcance de todo aquél que
quiera aprovecharlo.